La tarima puede verse impecable el día que la terminas, pero si la subestructura falla, los problemas terminan apareciendo. Por eso merece la pena dedicar tiempo a la parte que menos se ve: apoyos, rastreles, fijaciones y ventilación.
Empieza por una base estable
Antes de colocar los rastreles, asegúrate de que los apoyos están bien resueltos y de que la superficie drena con claridad. Una subestructura apoyada sobre una base inestable o húmeda tendrá más movimiento y peor envejecimiento.
Marca el eje y repite la distancia con criterio
Trabaja con una separación clara y repetible entre rastreles. En muchos proyectos se parte de 60 cm entre ejes, pero conviene confirmarlo con el fabricante de la tarima y con la carga prevista.
Cuida fijaciones y encuentros
En la subestructura no basta con que todo “encaje”. Lo importante es que el conjunto quede rígido, alineado y preparado para recibir las tablas sin correcciones constantes. Revisa especialmente:
- uniones entre piezas
- arranque en perímetro
- zonas de empalme
- puntos donde se concentrará más peso
No descuides el agua
La subestructura necesita ventilación y una salida razonable del agua. Si todavía no lo has revisado, merece la pena leer por qué el drenaje bajo una tarima exterior es tan importante.
Una buena subestructura simplifica todo lo demás
Cuando la base está bien resuelta, colocar las tablas, ajustar remates y mantener la terraza con el tiempo resulta mucho más fácil. Es una de esas fases que no lucen demasiado, pero que condicionan casi todo el resultado final.